• Manuel Arenilla Sáez

En la Universidad, la calidad empieza por uno mismo

En el anterior post se ha tratado la primera parte de la creencia generalizada de que sin financiación no se puede mejorar el rendimiento de la Universidad. Voy a tratar ahora otro de los clásicos universitarios: los rankings. Lo primero que hay que decir es que, como hay tantos (aunque no todos valgan lo mismo), siempre podremos encontrar alguno que nos deje bien, aunque sea en un título o un centro.


En el índice ARWU (o de Sahangai), hay una universidad española entre el puesto 151 y 200 y hay otras 11 más entre las 500 primeras. Si elegimos el índice QS, la primera universidad española figura en el puesto 165 y pertenece a una comunidad autónoma que ha reducido el presupuesto desde 2009 un 17%, lo que no ha impedido que sus universidades ganen cada año la liga universitaria española. Algo harán bien. También leemos, destaca una autoridad académica, que contamos con universidades que están entre las 800 mejores del mundo. Para el decimotercer país por PIB del mundo no está mal.


Según la OCDE, nuestro país invirtió en 2015 12.605 USD equivalentes en educación universitaria y en I+D+I por alumno, mientras México 8.170 USD, Chile 8.406 USD y Brasil 14.261 USD. Pues bien, en el índice QS la Universidad de Buenos Aires se encuentra en el puesto 73, la UNAM mexicana en el 113 y la privada Católica de Chile en el 132; en fin, la de Sao Paulo en el 118. Finalmente, más de la mitad de las universidades españolas pierde posiciones. En el índice ARWU solo hay una española entre las 200 primeras; también encontramos la de Sao Paulo y la de Buenos Aires y, por ejemplo, 4 universidades italianas, cuyo país invierte 11.257 USD. Si miramos el ranking de matemáticas, hay dos españolas entre las 100 primeras; en el de física hay una entre las primeras 75; en química, 2 entre las primeras 100; en computación, una en el puesto 42 y otra más entre las 75 primeras; en economía y negocios, hay una española entre las 75 primeras; en ciencias sociales, la primera figura entre las 150 principales. Les recomiendo que se entretengan un rato mirando los índices.


La Fundación CYD constata que de los 10 campus mejores en docencia en España, 7 son privados. Hay que destacar que la ratio estudiantes/profesor es mejor en la universidad pública (13,6) que en la privada (17,2). La prensa recoge un estudio que muestra que en una comunidad autónoma que cuenta con varias universidades públicas y privadas los recursos medios disponibles por alumno son similares en ambos tipos de instituciones. En esa misma comunidad los periódicos incluyen diversas noticias en las que algunas de sus universidades públicas destacan en algunos títulos o en algún ranking de formación o en solicitud de patentes. Sin embargo, la misma Fundación CYD constata que ninguna de esas universidades sobresale por su mayor rendimiento.


Un aspecto que llama mucho la atención es que nuestras autoridades educativas nacionales o autonómicas o las propias universidades no elaboran rankings; la labor se la dejan a fundaciones como a la citada CYD o al BBVA. Cabe preguntarse quién establece los objetivos del Sistema Universitario Español, especialmente del público, si nuestros poderes públicos renuncian a fijarlos y a establecer sus indicadores de consecución. Claro es, hay una explicación: no hay objetivos claramente definidos, como ya se señaló en un post anterior.


El U-Ranking del BBVA es de los más completos y sistemáticos en nuestro país ya que establece indicadores para la docencia, la investigación, la innovación y el desarrollo tecnológico ordenados en un ranking de volumen de resultados y otro de rendimiento. Entresaco algunas conclusiones de su última edición: las diferencias entre universidades son relevantes, ya que las mejores triplican en rendimiento a las peores (44 puntos porcentuales de diferencia entre la mejor y la peor); entre las tres primeras en docencia, dos son privadas, esto concuerda con el hecho de su elevada especialización, lo que las hace superar en un 11% en promedio a las públicas; sin embargo, ninguna de las primeras 19 universidades en investigación es privada, estando de media un 34% por debajo de las públicas; las universidades grandes dominan el volumen y el rendimiento y la mayoría de ellas figuran en los diversos rankings entre las 500 primeras del mundo; y debería prestarse atención al abandono universitario.


Detengámonos en la cuestión del abandono y destaquemos las declaraciones de algunos dirigentes universitarios que reclaman más financiación para que la Universidad sea un ascensor social. Las cifras oficiales para la cohorte de nuevo ingreso 2012/2013 son las siguientes: la tasa total por abandono de estudios es del 33,3% (26,5% en las presenciales y 62,1% en las no presenciales); por cambio de estudio el 11,9% (12,2 en las presenciales y 10,6 en las no presenciales); el abandono en las públicas presenciales es del 27,4% y en las privadas del 19,8%; en la cohorte de nuevo ingreso de 2014-2015, en el primer año, la tasa total de abandono es del 21,5% (en las privadas es 16,9% y en las públicas el 22,3%). Hace tiempo que sabemos que el fracaso escolar o el abandono universitario no afectan por igual a todo el mundo si atendemos a su origen y situación.


El U-Ranking recoge que el 21% se va de la universidad sin obtener el título, cifra el coste anual del abandono en 974 millones de euros (AIREF estima entre 914 y 1700 millones de euros anuales) y señala que es más alto en las carreras STEM, pero también es elevado en el resto. Esto hace que nuestra tasa de graduación sea del 32,9 % frente al 38,5%  de la OCDE. Un jarro de agua fría: las universidades mejor clasificadas no siempre tienen tasas de menor abandono. Una nota final: la tasa de abandono escolar temprano en España es del 17% frente a un 10% de la UE, aunque en esta etapa educativa el fracaso va por barrios autonómicos y, claro es, sociales.


Los expertos señalan las principales causas del abandono: rendimiento académico temprano (que puede venir condicionado por el bagaje previo); la debilidad de los vínculos afectivos y de pertenencia a la comunidad universitaria; y el perfil sociolaboral (entre los que abandonan dominan los cuasidependientes). Queda mucho trabajo por hacer.

Me imagino que poco a poco, si son seguidores de estos posts, se irán haciendo una composición de lugar sobre nuestra Universidad. En el de hoy es obligado concluir que si la Universidad no atiende debidamente los condicionantes socioeconómicos de sus ciudadanos como si estos se produjeran de forma «natural» o fueran una maldición, no cumple con los principios de equidad social e igualdad efectiva ni con su función social. El servicio público comienza por entender que nadie debe quedar atrás. Este es el primer ranking que debe preocuparnos.

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© 2020 Manuel Arenilla