• Manuel Arenilla Sáez

Una Administración abierta y capaz

Se ha afirmado que la transparencia ha sido una víctima de la pandemia, por ello es preciso garantizar plenamente el acceso a la información pública y al control institucional. La nueva Administración que se está dibujando en la actualidad conduce a un modelo organizativo basado en la inclusión abierta a numerosos actores e intereses y, por tanto, diversa.


Ante los problemas de comunicación y de información detectados ampliamente durante la pandemia, es preciso generar confianza entre el gobierno y los ciudadanos mediante comunicaciones fiables, especialmente en las colectivos vulnerables. La mejora en el sistema de información también debe llegar a la transparencia sobre los modelos de pronóstico y los datos de las estrategias del gobierno para que puedan ser controladas por la ciudadanía. La orientación a la apertura debe alcanzar a las plataformas digitales y las aplicaciones permitiendo la participación pública y los datos abiertos.


No basta con dar la oportunidad a los actores sociales a participar en las políticas públicas. En su rol de Estado activador, este debe promover enérgicamente que esto suceda. Por ello, la Administración debe facilitar y fomentar el diálogo y el consenso amplio entre todos los actores de la sociedad, así como promover mecanismos para facilitar la participación ciudadana.


La relación con el sector privado no siempre es fácil ni transparente como se ha manifestado durante la pandemia, por ello es preciso que el diseño de las alianzas público-privadas (APP) se planteen desde el supuesto de ganancia mutua o simbióticas para los intervinientes. Esto conduce a que hay que tomar como referente constante en ese diseño a sus beneficiarios, que no deben ser otros que el ciudadano y la comunidad. Este enfoque debe llevar a reconsiderar los regímenes de propiedad intelectual, el enfoque aplicado en la actualidad en materia de I + D, la inversión pública y las adquisiciones en general, que deben contrastarse con el logro efectivo del bien común.


La crisis que ha acompañado a la pandemia muestra la debilidad financiera y presupuestaria de las Administraciones, por lo que es necesario proporcionarles recursos antes de que vuelvan a suceder las crisis. Esto es más necesario en las facultades críticas de la Administración, las que además tienen que ver con las prioridades ciudadanas, como la educación y la salud.


Por lo que respecta a los recursos humanos de las organizaciones públicas, es preciso poner la salud y la seguridad en primer lugar, prestando atención a la salud mental, especialmente en el teletrabajo. Sería conveniente también facilitar las licencias de trabajo, especialmente en situaciones de crisis como la que estamos viviendo, con el fin de poder conciliar la vida laboral con la personal y la familiar. Además, la flexibilidad laboral para todos los trabajadores facilitaría el progreso de las mujeres en su carrera.


Las Administraciones no siempre han logrado durante la pandemia igualar la oferta de la mano de obra con la demanda. Por ello sería necesario introducir medidas de flexibilidad y de movilidad temporal para poder redistribuir efectivos de unas unidades a otras en momentos de prioridad emergente, independientemente de los silos organizativos. Esta flexibilidad ha de extenderse a la formación para que los empleados públicos se adapten al uso de las nuevas tecnologías, se orienten a los nuevos desafíos y a una cultura que fomente el aprendizaje experiencial, la reflexión y la mejora. Implica también reconocer que cada empleado público posee sus propios conocimientos, habilidades, vidas personales y necesidades.


En aras de la flexibilidad laboral que se propugna, sería preciso robustecer la normativa vigente del teletrabajo, como ya está sucediendo en numerosos países, con el fin de que se introduzcan las condiciones adecuadas para que sea asequible. Probablemente, serán necesarias revisiones de las normas que lo regulan en el sentido de cambiar el «orden predeterminado» en el trabajo remoto. Esto significaría que se debería aplicar por defecto el teletrabajo como primera opción, justificando las razones por las que no podría aplicarse. Esto lleva inevitablemente a reflexionar sobre el rendimiento, la productividad, el apoyo a la salud mental y fomentar la inclusión en un entorno remoto. También conduce al establecimiento de objetivos organizacionales y de cada puesto de trabajo e implantar sistemas de medición y de evaluación del rendimiento o del desempeño. A la vez, implica considerar la existencia de diversas profesiones en una Administración que habrá que atender de una manera específica por lo que respecta a las habilidades y capacitación requeridas y el desarrollo profesional.


La flexibilidad que se trata alcanza también a la selección de los empleados públicos. Es preciso revisar los actuales modos de empleo para facilitar el acceso a la función pública de aquellos que no están interesados en un trabajo permanente. Este fue pensado en su origen para ejercer funciones de soberanía o de autoridad o desempeñar profesiones específicas de la Administración. Muchas de las personas poseedoras de las nuevas habilidades requeridas en la Administración, como las vinculadas a las tecnologías, los datos o los procesos innovadores, probablemente estarían interesadas, antes que en la permanencia en la organización, en contratos temporales o becas prestigiosas bien retribuidos para incorporarse a proyectos interesantes con un alto impacto en la creación de valor público.


La pandemia ha evidenciado que la digitalización como respuesta a la crisis ha sido más fácil o simplemente posible cuando existían previamente sistemas informáticos fuertes. Se suele coincidir en la afirmación de que va a ser muy difícil volver atrás en los procesos de digitalización y también no extenderlos al conjunto de las organizaciones. Sin embargo, hay otros testimonios que manifiestan que para ello va a ser necesario un fuerte liderazgo y persistencia en el fomento de la prestación digital de los servicios públicos.


Una Administración digital precisa atraer personas con habilidades en áreas digitales, de datos y CTIM o STEM (ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas), lo que no resulta fácil habida cuenta de que debe competir con el sector privado para captar este tipo de talento. Además, todos los empleados deben compartir un mismo significado sobre el potencial de la transformación digital, el uso fiable de los datos y la tecnología, la importancia de una gestión basada en datos, la orientación a servir a los usuarios y a contar con ellos en la entrega de los servicios. También implica la construcción de equipos multidisciplinares que integren profesionales del diseño, del producto, de la entrega, de los datos y de la tecnología. Estas habilidades técnicas habrán de completarse con competencias sociales, emocionales y cognitivas, que son esencialmente importantes para el liderazgo del servicio público.


La gestión de algunas aplicaciones y herramientas para la detección de los contagios durante la pandemia ha enseñado la gran importancia de los protocolos de privacidad y seguridad. Esto es debido a que representan uno de los mayores riesgos en las organizaciones de todo tipo en la actualidad y a la desconfianza de los ciudadanos por el uso de los datos en las tecnologías digitales, sentimiento que proviene en gran parte de la desconfianza en las instituciones públicas que las promueven.


La COVID-19 ha mostrado las capacidades existentes en las organizaciones públicas y que no necesariamente eran conocidas por su dirección. Es preciso aprovechar, entre otras, las capacidades digitales, para lo que hay que detectar el talento existente y desarrollarlo mediante procesos de gestión del conocimiento y de aprendizaje. En este sentido, es preciso fomentar las nuevas formas de comunicación, información y conocimiento a través de las tecnologías y herramientas digitales y aprovecharlas también para la formación. Esta se convierte en un factor crítico para la adaptación de las organizaciones a un entorno cada vez más complejo y automatizado.


La pandemia nos llama también a celebrar el valor del servicio público, esto es, a destacar la importancia de las instituciones públicas durante la pandemia como garantes de la salud y el bienestar de todos. También nos incita a seguir aprendiendo y adaptándonos a los avatares que a buen seguro nos seguirá trayendo la vida.


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