• Manuel Arenilla Sáez

Una selectividad que no selecciona; o sí

Actualizado: 15 de sep de 2019

Como sucede en tantos otros temas en nuestro país, el rigor en la argumentación sobre los problemas universitarios es mejorable, como vamos viendo. Tomemos como ejemplo la selectividad, ahora EBAU, EvAU... No se despisten: seguimos hablando de desigualdad y equidad.


La última polémica se refiere a si debe haber una prueba única en España. Perplejidad: ¿no existe un distrito único? Esto significa que cualquier alumno que supere la prueba puede matricularse en cualquier universidad española; esto es, hay un mercado único universitario español donde los alumnos pueden circular libremente una vez superada la selectividad respetando, claro es, la nota de corte que haya establecido cada universidad. Para eso necesitan estar homologados por criterios comunes. Pues no exactamente.


La prensa recoge estos hechos no desmentidos: hace tres años se preguntaba sobre 97 temas de Historia, hoy sobre 69 en Castilla y León (en Cantabria 28); la selectividad canaria solo pregunta un tercio del temario de lengua y obvia el bloque literario, el análisis sintáctico y el morfológico (aunque esa comunidad autónoma logra tasas de rendimiento y de abandono peores que la media); comunidades autónomas con bajo rendimiento en PISA obtienen las notas más altas en selectividad. En fin, los ciudadanos manifiestan en el CIS que la calidad de la enseñanza mejoraría, en primer lugar, exigiendo mayor nivel de conocimientos.


Esto tiene la debida contestación por las autoridades universitarias: la selectividad funciona bien y no hay diferencias; hoy es imposible una prueba única de acceso; cualquier cambio debe realizarse con el máximo consenso; la unificación de la EBAU generaría un problema mayor; la prueba tiene como fin ordenar las posibles diferencias que ha podido haber en el bachillerato, no seleccionar; las diferencias responden a condicionantes socioeconómicos; una prueba única acrecentaría las desigualdades socioeconómicas, que son las que justifican las desigualdades; no sabemos cómo se realiza la nota de bachillerato; en absoluto hay estudiantes de una comunidad que destaquen sobre otros, no es aplicable PISA. Este mismo declarante señala en otro artículo: la selección previa se realiza en los colegios y presentan a los que van a aprobar y solo se inscriben cuando están preparados. Un rector centenario da la razón a sus alumnos y está a favor de una prueba única. La CRUE investigará si los institutos hinchan las notas.


Las dos Españas y pico otra vez: Castilla y León, Madrid, Murcia, Galicia y Andalucía a favor de una prueba única, Castilla-La Mancha está por que existan criterios de corrección comunes; el resto como está. Los partidos: PP y Cs desean una prueba única; el resto no se pronuncia formalmente. El Gobierno nacional cree que es válida actualmente, aunque reconoce algunos defectos y aboga por la creación de una comisión. Casi 200.000 alumnos piden por escrito una prueba única al Ministerio de Educación.


Una autoridad autonómica se desmelena: se ha bajado el nivel en toda España y nosotros no podíamos suicidarnos frente a lo que sucede en otras comunidades autónomas; las declaraciones de la CRUE son poco meditadas; el ministerio puso estándares, pero no inspecciona; pongamos una prueba que homogeneice, al menos en el 40%, ya que antes también hay desigualdades.


Otros actores universitarios: se viene señalando desde hace años las desigualdades de la EBAU en la tasa de aprobados; la máxima garantía de igualdad compete ejercerla a la Estado. Los editoriales de los periódicos: el sistema funciona notablemente bien, se confunde la unidad con la uniformidad, si difieren los exámenes es una riqueza que debemos preservar (La Vanguardia); una selectividad única, oponerse a ella contenta a los nacionalistas (ABC); una EBAU única, con distrito único no es admisible una selectividad a la carta (El Mundo).


Los especialistas: existe una feroz competencia ante la aparición de los campus privados (48% de crecimiento en 7 años); las universidades compiten por los alumnos, si se ponen estrictas se quedan sin estudiantes; si la dificultad es alta, la tasa de aprobados baja; va de décimas el acceso a una carrera; bajo nivel de exigencia y de conocimiento de los estudiantes desde Bolonia y son mediocres respecto a la OCDE; aprueban casi todos sin jerarquizar a los estudiantes; se inflan las notas, se transfiere el coste del fracaso; cultivamos la mediocridad; los alumnos se preparan durante dos años para aprobar una prueba, no para adquirir competencias, hay que cambiar a un bachillerato por competencias; los alumnos eran infinitamente mejores antes. Un hetorodoxo:  «si se quiere arreglar un problema de desigualdad en el acceso a la Universidad, la clave no está en financiar a todos la matrícula, sino en invertir en etapas educativas iniciales para reducir el 17% de abandono escolar temprano (frente al 10% de media europea)».


Es probable que a estas alturas le haya hecho perder el hilo al lector; volvamos a la cuestión. La Xarxa Vives realizó un estudio entre 2017 y 2019 basado en 40.000 universitarios de 22 universidades que nos aporta lo siguiente: el 55 % de los estudiantes universitarios es de clase alta, el 34,4 % de clase media y el 10,6 % de extracción social baja; se reproduce el sistema educativo previo; la asunción de responsabilidades de quienes dirigen la enseñanza superior es limitada; las ayudas no cubren todas las necesidades, ni priman a los que más las necesitan; falta de renovación de los métodos docentes; el ascensor social encalla; en los años 60 había 60.000 estudiantes, la Universidad se masificó pero no se democratizó; solo el 22 % de los alumnos con poco bagaje cultural llegan a estudiar en la Universidad; el 64 % de los alumnos tienen padres universitarios: en Medicina el 60%, en educación infantil el 20%. Esta es la verdadera selectividad.


Me quedo con lo siguiente: la reducción objetiva de exigencia en la EBAU de los últimos años; la competencia por los alumnos obliga a ofrecer saldos en las universidades (recuerden que son las que fijan la nota de corte); desconexión entre las etapas educativas previas y la Universidad; falta de control de los estándares de rendimiento de los centros escolares; la verdadera selectividad sigue siendo la de origen socioeconómico y se arrastra desde las etapas educativas anteriores.


En conclusión: se creará una comisión y se investigará si hay notas hinchadas en el bachillerato; el distrito único está dopado; y seguirán creciendo las universidades privadas. La EBAU no se va a cambiar. Faltaría más.


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